Soñando, actuando, validando

La validación involucra tres pasos fundamentales: primero, aceptar la existencia de un fenómeno; luego, entenderlo y, finalmente, cultivarlo, nutrirlo o viabilizarlo. En el caso que compartimos en nuestra anterior entrada, lo que quedó tras bambalinas fue el hecho que, ya desde principios de los años noventa, en nuestro país, surgió una nueva generación de artistas nacionales formada en arte y expuesta a influencias del escenario del arte contemporáneo internacional, enfoque que rechaza la pura búsqueda estética y técnica, que se funda en la activación y participación –intelectual, emocional y física – del público.  Angelika Heckl, Valia Carvalho, Guiomar Mesa, Erika Ewel, Raquel Schwartz, así como Keiko Gonzáles, Ramiro Garavito y  entre muchos otros, propusieron no sólo nuevas formas de expresión artística, como ser las instalaciones, los performances y el video arte, sino, fundamentalmente, nuevos temas y discursos, que bebían de las problemáticas del momento, como ser los aportes de la teoría de género, la filosofía, la historia, el poder, y que se diferenciaban radicalmente del enfoque paisajístico y los discursos nacionalistas que aún predominaban en el medio, especialmente en Cochabamba, que es sede de una gran tradición de acuarela y arte figurativo académico tradicional.

No se puede pasar de alto el hecho que esto no hubiera sido posible de no ser por la aparición de nuevos espacios de exposición que correspondían a iniciativas privadas, sin duda ligada a que se respiraba, además, un nuevo aire de estabilidad en lo referido a lo social, económico y político. De esta manera, surgió un nuevo actor en la escena del arte boliviano: el galerista. En  1999, la ciudad de Cochabamba contaba no sólo con los salones de exposición públicos – el Gíldaro Antezana y el salón de la Asociación Boliviana de Artes Plásticos (ABAP), que eran sede de la escuela académica de pintores tradicionales del medio – sino dos galerías privadas – Rastros y Trazos – además del Centro de Arte Contemporáneo del Centro pedagógico y cultural Simón I. Patiño, que se inauguró por esos años con una muestra permanente representativa, curada por críticas de arte contemporáneo boliviano.  Así, el público cochabambino comenzó a ver y aceptar la existencia formas de arte novedosas, como las instalaciones, el video arte, el arte objetual, el performance, etc., formas que desafiaban la mirada tradicional pasiva a la que estaba acostumbrada la gente.

En todo esto, el surgimiento de la crítica de arte en Cochabamba fue fundamental.  El incrementado contacto con obras de arte contemporáneo fomentó una sensibilidad nueva entre el público; sin embargo, se requería un agente intermediario que consolidara el diálogo entre la obra de arte y la audiencia. Los nuevos críticos establecieron contacto con los artistas, estudiaron su obra y socializaban sus investigaciones y análisis en los medios locales, completando así el circuito que se requería para llegar a las personas y los nuevos medios de comunicación y, también, a las instituciones públicas y estatales.

De esta manera, cuando ocurrieron los eventos del concurso del 14 de septiembre, se detonó la masa crítica – gestada por la sinergia creada entre público, artistas, galeristas, críticos de arte y gobierno municipal- para poner en evidencia no sólo al público local de la existencia y la fuerza del enfoque contemporáneo en el arte, sino también la necesidad de brindarle un espacio propio de manifestación: el primer Conart. En todo este proceso, podemos entender la importancia que tuvo la difusión del fenómeno del arte contemporáneo entre el público en general, la educación constante del público a partir de textos críticos y exposición, así como la cooperación entre distintos actores sociales para concretar una iniciativa apelando a la creatividad. Todo en busca de un sueño.

 

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~ por politicasculturalesblog en 31 octubre, 2010.

2 comentarios to “Soñando, actuando, validando”

  1. Más allá del bonito hecho de lograr lo que se logró…no olvidemos que el arte en nuestra ciudad aún es un manojo de influencias, cierto “prestigio”, y otros pequeños factores que hacen del arte un círculo. Cómo todo en nuestro país, si no tenemos más cuidado con algunos detalles a ese nivel (círculos) se crecerá pero sin una muestra firme del arte, por lo tanto en un futuro las referencias de “arte”que tengamos, no serán más que el reflejode esos círculos. (perdón por las redundancias)

    saludos

  2. Dennis, no olvides que los grandes artistas siempre se enfrentaron a comunidades que se oponían a formas innovadoras de hacer las cosas, sin embargo eso no los detuvo. Los círculos que mencionas, o roscas en otros contextos, se hallan en todo el mundo, así como (por suerte) aquellos artistas que no se conforman con el status quo.

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