Pensando la cultura desde lo boliviano (segunda parte)

Elaborar una definición de cultura no es tan fácil como parece y para ello resulta fundamental entender el origen, la evolución y las diversas proposiciones que se armaron en función a esto a fin de construir un lenguaje de pensamiento común que nos permita generar un consenso acerca de esto y, eventualmente, pensar una legislación cultural representativa de nuestro medio.

La palabra en sí, derivada del latín, era entendida por las culturas europeas  en el sentido de “desarrollo humano”, metáfora fundada en lo agrícola. Sin embargo, fue a partir de la Ilustración que comenzó a ampliar su sentido para designar – desde la postura francesa, asociada siempre a la tradición de un mecenazgo principesco- a la suma de las obras artísticas e intelectuales más dignas de interés y, por asociación, el conocimiento de éstas, como parte de un proceso civilizatorio contingente a lo individual y nacional.  Fue en este período cuando se afianzó la dinámica ente cultura y política.

Desde la perspectiva alemana, por su parte, los conceptos de cultura y política cultural adquirieron en esta época un sentido moral y nacional que habría, luego, de alimentar el espíritu nacionalista donde se imbrica la voluntad alemana de unificación, y se habrá de cristalizar bajo la formulación del Kulturkampf de Bismarck .

Las anteriores definiciones dadas por el Viejo Mundo habrán de ser ampliadas luego, durante fines del siglo XIX, a partir de la independencia y el proceso de descolonización de países en todo el mundo. Las naciones jóvenes buscarán forjar su identidad a partir de un sentimiento de emancipación y reivindicación, así como de ruptura con la herencia colonial, sin embargo, algunas reconocerán más fácilmente la necesidad de abrirse a influencias extranjeras, gestando préstamos e hibridaciones entre lo que se concibe como “tradicional” y “foráneo” o, en terminología de hoy, lo endógeno y lo exógeno.

Finalmente, el surgimiento de las Ciencias Sociales a fines del siglo XVIII habrá, también, de contribuir múltiples perspectivas a lo que se entiende como cultura.

Veamos, por ejemplo, de las primeras definiciones planteadas desde la antropología:

la totalidad compleja que incluye el conocimiento, las creencias, artes, leyes, la moral, la costumbre y cualquier otra serie de capacidades y hábitos adquiridos por los seres humanos como miembro de la sociedad (Tylor 2010 (1871))[1]

y, ahora, una definición planteada por UNESCO

los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias,

(…) que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden (UNESCO, UNESCO 1995-2010).

Así tenemos que al hablar de cultura se evocan distintas dimensiones: histórico, geográfico, epistemológico, étnico, antropológico, etc., una amplitud de sentidos que provoca el riesgo de que el concepto pierda su significado por su amplitud. Que baste, por ahora sintetizar diciendo que toda interpretación de cultura es relacional: depende de la dinámica existente entre quien observa y el sistema que es observado. Así, se halla en función de una perspectiva específica y, en el caso nuestro, esta especificidad vendría a ser el fenómeno geohistórico que conocemos como Bolivia.  Esto lo ampliaremos más en la siguiente entrada de este blog, donde intentaremos proponer un campo conceptual para construir una definición que pueda informar una legislación cultural específica al país.

Nuevamente extendemos la invitación a todos nuestros lectores a contribuir con la reflexión expuesta en este blog, dejando sus comentarios o escribiéndonos a

politicasculturales@fundacionimagen.org

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~ por politicasculturalesblog en 10 noviembre, 2010.

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